La Alienación Parental consiste en la manipulación de un menor, por uno de sus progenitores, con el fin de crear un distanciamiento o sentimientos negativos hacia el otro progenitor. La Real Academia de la Lengua define estas acciones como el “proceso que dificulta la interacción de un menor con alguno de sus progenitores, a través de acciones y conductas malintencionadas que cambian la percepción del menor respecto al padre o madre”. En todo caso hay que tener en cuenta que la alienación parental es un fenómeno complejo que afecta a familias en todo el mundo. Se trata de un proceso, prolongado en el tiempo, en el que un progenitor influye sobre el hijo, de manera que consciente o inconscientemente le manipula para que desarrolle sentimientos negativos hacia el otro progenitor. Esta actuación, puede tener efectos muy perjudiciales en la salud emocional y el bienestar de los niños.
Mediante la comunicación con el hijo, el progenitor traslada al menor unas ideas y opiniones maliciosamente falsas. Suele hacerse de forma constante y mantenida en el tiempo. Igualmente se reprende al menor cuando este manifiesta sentimientos positivos hacia el otro progenitor, de forma que se sienta culpable. Es muy habitual influir en el hijo de forma que, si este está a gusto con un progenitor, el otro se finja sentirse mal, culpabilizando de ello al hijo. Al final el menor tiene que elegir entre uno de los padres para no hacer daño al otro. Además, se suelen trasladar ideas sobre las malas actuaciones del otro progenitor o sobre que los buenos actos son interesados, buscando obtener una ventaja en el divorcio o en la situación entre los padres.
Para detectar si se está llevando a cabo una alienación parental conviene apreciar:
1.- El rechazo injustificado de un niño hacia un progenitor
2.- La difamación constante
3.- La creación de obstáculos para la comunicación
4.- El tiempo de calidad entre el niño y el progenitor no alienante.
La alienación parental puede tener un impacto profundamente negativo en la salud mental y emocional de los niños involucrados. Estos efectos pueden manifestarse de diversas formas, dependiendo de la gravedad de la alienación y la personalidad del niño, pero algunos de los efectos psicológicos más comunes incluyen:
1.- Problemas de gestión de las emociones: dificultad para expresar sus emociones y para comprender lo que sienten.
2.- Ansiedad y depresión: debido a la presión y al conflicto de lealtades.
3.- Deterioro en las relaciones sociales: aislamiento y problemas de relación con otros niños, profesores o familiares.
4.- Problemas de autoestima: sentimiento de rechazo o culpa, esto puede influir en su percepción de sí mismos y en su capacidad para desarrollar una autoimagen positiva.
5.- Dificultades académicas y comportamentales: la tensión emocional que experimentan puede distraerlos de sus responsabilidades escolares y llevar a desafíos en el rendimiento académico.
Es importante destacar que estos efectos pueden variar en intensidad y duración dependiendo de cada caso. No todos los niños experimentarán todos estos efectos, y algunos pueden adaptarse con el tiempo una vez que se resuelva la situación de alienación. Sin embargo, es fundamental abordar estos problemas con el apoyo adecuado de profesionales de la salud mental y el entorno familiar para mitigar su impacto y ayudar a los niños a sanar emocionalmente.
Frente a toda la problemática anteriormente expresada se puede actuar mediante las siguientes soluciones:
1.- Comunicación: hablar y escuchar a tu hijo, especialmente sobre sus preocupaciones y emociones, sin juzgar.
2.- Atención profesional: es necesario involucrar a un psicólogo o un mediador familiar para ayudar a la familia a superar la alienación parental y reconstruir unas relaciones sanas.
3.- Conocer tus Derechos: Familiarizarte con tus Derechos legales es esencial. Un abogado especializado en derecho de familia será un gran apoyo en estos casos.
4.- Promover la custodia compartida: Fomentar la cooperación entre ambos progenitores y enfocarse en el bienestar del niño.
